+++LA PRINCESA DE LOS OJOS TRISTES++

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"Solo hay dos dos cosas que podemos perder: el tiempo y la vida la sengunda es inevitable la primera imperdonable"

+RECUERDAME+

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+A TI MUJER+

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NADA ES ETERNO...

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ESPERE EN VANO...

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domingo, 6 de mayo de 2012

+EL AMOR DE UNA MADRE+


El Amor De Una Madre

Mírales... sólo un ciego no puede ver
Las palabras de amor a través de su mirada
el dolor atenaza el jóven corazón.
Ella le da su amor, pero eso no le basta...

Y le pidió que acabara pronto
con todo el dolor que su alma aguantaba.
Él decidió que la madre que una vez vida le dió,
ahora se la quitara.

El dolor también era su dolor, sin poder ayudar
a un hijo que se ahogaba...
Decidió, sin pensar en ley o en Dios,
sólo una razón: su hijo la necesitaba.

Le acompañó hasta el cielo.
De la mano le llevó; el dolor amainaba...
Él la miró y apretándole la mano, sonrió.
Su vida se apagaba...

Se la juzgó: ni el jurado ni la gente
comprendió lo que ella intentaba...
No hay compasión.
La llamaban asesina y , en prision,
una madre lloraba...
Mírales... sólo un ciego no puede ver
Las palabras de amor a través de su mirada
el dolor atenaza el jóven corazón.
Ella le da su amor, pero eso no le basta...

Y le pidió que acabara pronto
con todo el dolor que su alma aguantaba.
Él decidió que la madre que una vez vida le dió,
ahora se la quitara.

El dolor también era su dolor, sin poder ayudar
a un hijo que se ahogaba...
Decidió, sin pensar en ley o en Dios,
sólo una razón: su hijo la necesitaba.

Le acompañó hasta el cielo.
De la mano le llevó; el dolor amainaba...
Él la miró y apretándole la mano, sonrió.
Su vida se apagaba...

Se la juzgó: ni el jurado ni la gente
comprendió lo que ella intentaba...
No hay compasión.
La llamaban asesina y , en prision,
una madre lloraba...

domingo, 11 de marzo de 2012

+HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL 11 DE MARZO DEL GRUPO FURIA ANIMAL+



Han pasado ya 8 años desde ese fatídico día y en la mente perdura la barbarie cometida contra víctimas inocentes.


Cartas desde el cielo
escritas de muy dentro
son el lamento de la gente que se fue y no volverá

Busco y no te encuentro
si vuelven de la vida
con el dolor y la tristeza de pensar que no estarás...
Ya junto a mi

Cartas desde el cielo

Pienso en ti
y juro que no se vivir
mis días pasan y yo sin ti
muriendo por volverte a ver

Ojalá
pudiera cambiar el tiempo
estar de nuevo junto a ti
como siempre los dos amor

Tu imagen esta en mi
porque te vas, señor dime porque se va
si era mi ilusión

No me hace falta más
que tu sonrisa iluminandome
Ojalá
(Nunca te volveré a ver)
pudiera cambiar el tiempo
(Que sin ti la vida no es más que lo que es)
estar de nuevo junto a ti
como siempre los dostus labios y tu voz

Ahora quiero despertar
dejar las pesadillas que
no me dejan verte otra vez
y respirar tu aire mi amor

Puedo oirte en mi interior
hablar contigo aunque no estes
se tu mi ángel que me da
confianza de seguir

Y ahora espero en mi soledad
que se vayan los recuerdos de cuando te vi
tumbada en la estación

Y en el cielo yo se que estarás
aunque hubiera preferido
agarrarte con toda mi fuerza
y no dejarte ir... Jamás

Pienso en ti
y juro que no se vivir
mis días pasan y yo sin ti
muriendo por volverte a ver

Ojalá
pudiera cambiar el tiempo
estar de nuevo junto a ti
como siempre los dos amor

Pienso en ti
(Te fuiste y no puedo sentir tu piel)
y juro que no se vivir
mis días pasan y yo sin ti
(Me arrancaron del alma mi único querer)
muriendo por volverte a ver

 amor
(Duro amanecer)

Pienso en ti
(Ahora quiero despertar)
y juro que no se vivir
(Dejar las pesadillas que)
mis días pasan y yo sin ti
(No me dejan verte otra vez)
muriendo por volverte a ver
(Y respirar tu aire mi amor)

Ojalá
pudiera cambiar el tiempo
estar de nuevo junto a ti
(Pienso en ti)
como siempre los dos amor
(Te juro que pienso en ti)

Ojalá
pudiera cambiar el tiempo
estar de nuevo junto a ti
como siempre los dos amor
++++++++++

jueves, 8 de marzo de 2012

8 de marzo +MUJER+




Mujer
Siempre ten presente que la piel se arruga.
El pelo se vuelve blanco.
Los días se convierten en años…
Pero lo importante no cambia,
Tú fuerza y tu convicción no tiene edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña.
Detrás de cada línea de llegada hay una de partida.
Detrás de cada logro hay otro desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve hacerlo.
No vivas de fotos amarillas
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lastima te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón…

"Pero nunca te detengas"

viernes, 28 de octubre de 2011

++El monte de las ánimas - Gustavo Adolfo Bécquer

La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.

Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

-Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.

-¡Tan pronto!

-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.

-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?

-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.

Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.

Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:

-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.

Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.

Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.

Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

II

Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.

Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.

Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.

Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.

-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.

Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.

-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?

-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.

El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:

-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?

Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.

Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:

-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.

-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:

-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?

-Sí.

-Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.

-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.

-No sé.... en el monte acaso.

-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!

Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:

-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.

Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:

-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!

Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:

-Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.

-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.

A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.

Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III

Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.

-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.

Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.

Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.

-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.

Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.

Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.

Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.

-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?

Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.

El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.

Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.

Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!

IV

Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

viernes, 22 de abril de 2011

+DESTINO FINAL...




Cuando se está cansado del viaje de la vida, solo te quedan dos opciones, seguir tu viaje hasta el final  con sus subidas, bajadas, baches, con tu maleta cargada de ilusiones y frustraciones  o apearte unas paradas antes de tu destino final, tirar la maleta al vacio sin importarte ya lo que hay dentro de ella, lo que has ido guardando a lo largo de tus años, si tu vida ya no tiene ningún sentido por que aferrarse a ella, con que esperanza?
Quiero bajarme de este tren pero tengo miedo...

Carmen

domingo, 3 de abril de 2011

+Celtas Cortos - Retales De Una Vida

Celtas Cortos es un grupo español de música rock con influencias celtas. Es uno de los grupos de Castilla y León más exitosos de todos los tiempos
.

viernes, 11 de marzo de 2011

++11 DE MARZO++



El terror se apoderó de Madrid
la mañana del 11 de marzo de 2004, cuando, en un periodo de 15 minutos, 
estallaron de forma simultánea 10 de 13 bombas colocadas en cuatro estaciones de trenes de la capital española.
Al final de la fatídica jornada, 191 personas perdieron la vida y cerca de 2 mil resultaron lesionadas.


El estruendo que despertó Madrid el 11 de marzo de 2004, no sólo tiñó la ciudad de sangre y luto, también hirió de dolor el sentimiento de sus gentes.
Esos días, los madrileños, solidarios y acogedores, caminaban por las calles en silencio con la mirada baja. Rezaban en las iglesias y lloran en todas partes. Viajaban en silencio, cruzaban miradas y agachaban la cabeza con gestos de recogimiento y consternación

Si algo ha quedado grabado en la memoria de los madrileños, es que el 11-M, fue el día en que la solidaridad plantó cara al terror.


Han pasado 7 años desde ese fatídico día y aun nos preguntamos ¿porque?.

No hay respuesta a esa pregunta, ¿odio?,¿ venganza?, no entiendo ninguna clase de terrorismo y si hay algún pretexto para ello cuando hay víctimas de por medio, se pierde la legitimidad del acto.


Bosque del Recuerdo

Es un monumento construido como homenaje a las 191 víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

El Bosque del Recuerdo se encuentra en la Chopera,
 en el madrileño parque del Retiro cerca de la estación de Atocha,
y consta de 118 áreas con 192 árboles (22 olivoss y 170 cipreses) uno
por cada asesinado.

LA CARICIA PERDIDA...

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?


Alfonsina Storni


ABRAZAME...

ABRAZAME...

LA VIDA...

LA VIDA...

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Mañana

Mañana cruzaré el desierto
que del mar me separaba,
sintiendo en mis pies descalzos
de la arena el cálido abrazo.
Alzaré hasta el cielo la mirada,
el perdón guiará mis pasos
y con cariño abrigará mi esperanza.

Mañana,
cuando el silencio que mis oídos aturde
recuerdos descubra en el alma;
mas no aquellos que nublaban mis sentidos,
esos no... ¡que se vayan!
que vuelvan las sonrisas sinceras,
los despertares, las noches claras...

Mañana correré,
no logrará alcanzarme el viento
y me perseguirá hasta la playa.
Bajo lágrimas doradas de tristeza
abriré mi viejo paraguas,
y entonces me asomaré a la vida
con el corazón en calma.

Silvia Martínez
En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.
"Khalil Gibran"

Donde termina el arco iris


"No hay nada más alentador que oír la felicidad de un niño inocente en un sitio lleno de gente triste. Te recuerda que la vida sigue, que no se para salvo para aquel a quien estás despidiendo. Las personas llegan y se van y todos sabemos que así tiene que ser; sin embargo nos horroriza cada vez que sucede. La única certidumbre de la vida es la muerte. Es una certidumbre, es la única condición que nos imponen para vivir, pero a menudo dejamos que nos haga pedazos."

Cecelia Ahern

.

mujersentada en la luna (tras la noche llega el dia)

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EL LIBRO DE LA VIDA...

EL LIBRO DE LA VIDA...

LA FELICIDAD...

LA  FELICIDAD...
"La felicidad pocas veces llega, y cuando lo hace, lo hace tan discretamente, es una bailarina tan liviana y delicada, que a lo peor no te das ni cuenta, y piensa, observándote indignada, ah, ingrato, te abandonaré y entonces me echarás de menos..."


Martín Casariego

-

SILENCIOS...

SILENCIOS...

..

Muere un amor en mitad de la esperanza
y un silencio sepulta su cadáver de pájaro.

Sangra una niña herida sobre un lecho lúbrico
y un silencio se esconde entre los trapos.

Deguellan un muchacho en una patria
y un silencio se oculta en sus zapatos

Cogen la libertad, la escupen, la desangran,
y un silencio terrible cierra los campanarios.

Alguien pone candados en los libros
y un silencio se aprieta en los armarios.

Fusilan un patriota en un rincón oscuro
y un silencio se fuga sobre los techos blancos.

Un millón de niñitos se nos muere de hambre
y un silencio se duerme contemplándolos.

Jorge Debravo

LA POESIA:

LA POESIA:
La poesía es un abrirse del ser
hacia dentro
y hacia fuera
al mismo tiempo.
Es un oír en el silencio
y
un ver en la oscuridad”.

(Maria Zambrano)

UN NIÑO...

UN NIÑO...
SIEMPRE PUEDE ENSEÑAR TRES COSAS A UN ADULTO:

.

A ponerse contento sin motivo,
A estar siempre ocupado con algo
Y a saber exigir con todas sus fuerzas aquéllo que desea.

AFERRATE A LOS SUEÑOS...

AFERRATE A LOS SUEÑOS...
"Porque si los sueños mueren,

la vida es como un ave de alas rotas

que no puede volar"

.

Las cicatrices en mi piel ...

Las cicatrices en mi corazón ...

Las cicatrices de mi alma ...

Recordándome a mí mismo ...

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